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septiembre 17, 2012

Cuando dejo que me toques

 Por: Rosmarbis Pérez


Y si dejo que me toques. Y si no.
Y si dejo que juegues conmigo. Y si yo juego contigo.
Y si no dejo de mirarte. Y te siento, pero no. Y si tú me miras, y no me ves.
Y si es solo lujuria. Y si te dejo, y si me dejas.
Si nos tenemos. Me tienes, no te tengo, luego sí.
Entonces qué hacemos, qué dejamos de hacer… Y luego, te beso, me besas, nos tocamos.
Te siento, me sientes… Nos sentimos. 
Me ves, yo te veo, te toco, me tocas. Respiro.
Te enredas en mis cabellos, hueles. Sí, hueles. Hueles que soy yo y vuelves sobre mi.
Remontas, penetras. Y yo siento. Sudo tu aire, huelo a ti.
Penetras. Y mi piel se eriza. 
Tu mirada concentrada, tu mirada que roba almas. Deseo.
El néctar escapa de mi y te hundes en el. Te hundes. Penetras.
Respiro y me robas el aire. Otra vez.
Con fuerza, profundo y se escapa. La voz. El sonido que huye y suena a placer.
Y sentimos, siento cuando la fuerza escapa. Mis piernas, tu espalda, mis pechos, tus brazos, mi cuello, tu boca. 
Nos sentimos, nos vemos desde adentro. Sin aire. Sudamos nuestros olores, se nos escapo la fuerza, los fluidos. Respiro.
Con tus ojos me has robado el alma. Con mi boca te he robado el suspiro.
Y si dejo que me toques. Te toco. 
Entonces hemos muerto hasta que el sueño nos devuelva la vida.
Y si dejo que me toques. Y si no.

agosto 08, 2011

La primera vez de Luisa Paulina. Corolario no matemático. No lógico

Por: Pedro De Mendonca

¡Que sea una rayita nada más! ¡Que sea sólo una rayita…! Dios mío, por favor, yo te prometo que si sale una sola rayita, yo no faltaré a misa más nunca, seré otra persona, andaré por todos lados diciendo que tú sí escuchas las oraciones de todos los que te pedimos, te llevaré velas todos los fines de semana a la iglesia… ¡Por favor, por favor, por favoooor…! No puede ser que tan temprano ya yo ande en estas, amamantando muchachos, trasnochándome todos los días… ¡Me voy a poner fea, horrible, espantosa! ¡Las tetas se me van a poner como unas chancletas, caídas pá bajo, se me va a aguar el culo, me van a salir ojeras, ya no le voy a gustar a ningún hombre…! ¿Tú te imaginas? ¡Noooo! ¿Qué dirán de mí en ese piazo é cerro, vale?: “Ay, ahí está la sifrinita esa. Después de que se la pasaba batiéndose una, ahora mírala: con tremenda barriga, pá que sea seria”. Diosito, de pana, te lo pido… Es más, aquí te rezo estos cinco Padre Nuestro: Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad…

Ya faltan tres minutos, Diosito… Yo no quiero estar bajándome de las camioneticas con el muchacho guindáo, como la propia tierrúa; llegá a la casa burda de cansada por el peso, el llanto; el tetero… ¿Y si me sale macho? ¡No, chamo, de pana! ¿Tú te imaginas que salga igualito que el bicho ese…? Es que sinceramente, vale, ¿quién me manda a mí estar tirando con ese desgraciao…? Aunque, bueno, quién se iba a resistí con ese verano feo que tenía… ¿Y si cuando le cuente esto se pierde y no responde por el muchacho? ¿Mamá soltera, de paso? Nojoda, ese tiene cara de no respondé por nada… ¡Diosito, de pana! Ten piedad de mí, por favor… Es más, yo me meto a monja si no estoy preñada… ¿Y después, cuando se enferme, que le estén saliendo los dientes? ¡Ay, no…! ¿Por qué me dejé coger sin condón? Yo tenía que seguile jalando bola a ese chamo pá que se lo pusiera… ¿Y mis papás? Noooo, esos, mínimo, me matan. Van a decir que soy una zorra, una regalada, que malgastaron los reales que me dieron pá estudiar…

Bueno, aquí va, Diosito, ya pasaron los diez minutos, creo. Por favor, de pana, te lo pido. Que estas náuseas, que estos vómitos y estos mareos sean por mala alimentación, falta de vitaminas, no sé. Yo ahí veo cómo hago para curarme… Que no sea una barriga, de pana, Diosito… Ahí voy, pues, vamos a ver: A la una, a las dos, a las tres… ¡Que sea una rayita…!

agosto 07, 2011

Rigor Mortis

Por: Rosmarbis Pérez

Tras presenciar un temblor epiléptico, inhaló fuertemente su cigarrillo,  el humo escapó por su nariz lentamente, hasta que sus labios carmesí se abrieron y dejaron escapar aquel espectro de formas indefinidas.
Largas piernas, tersas y firmes, se acercaron a él sin vacilar, sus manos de dedos finos acariciaron su cabeza que yacía inmóvil en la mesa, que por mucho tiempo había sido testigo de las más ardientes penetraciones, y de los besos más dulces. Lo tomó de los brazos y como pudo, con toda la brutal adrenalina que estremeció su cuerpo, y que se apoderó de ella, lo acomodó sobre la mesa quitando violentamente la vajilla, que vino en las cajas de regalo hace 3 años.
Deslizó lentamente sus manos por cada botón, despojando de sus prendas a aquel cuerpo fornido, esbelto, bronceado y lampiño, intoxicado letalmente con el arsénico que lo dotó de un rigor, que en otros momentos fue digno de admirar, y ladrón de muchos deseos atados en otras piernas que no eran las de ella.
Sin previo aviso, su corazón imitó el galope salvaje de un corcel en libertad. Ella con la mirada fija en los ojos sin rumbo de aquel hombre, se deshizo del vestido purpura que cubría los firmes pechos, que aun conservaban su terciopelo de durazno. La  piel se le erizó por el frío roce de su cuerpo con la muerte, que ya era dueña de ese hombre, a quien nunca dejó de amar y desear intensamente.
Se dispuso a danzar sobre aquel, como lo exigió el ritmo indeciso de su éxtasis. Danzó con pasión, fuerza, y con el deseo, que engañaba la tristeza que escondía, tras cada gemido que salía de su boca húmeda. Una lágrima furtiva rodó por su rostro y marcó el final de su respiración acelerada, de sus gemidos y de sus movimientos, que en otros tiempos extrajeron de él la vida minúscula de sus fluidos.
Inertemente, se lazó sobre el cuerpo ciánico, le incrustó un beso tibio en la mejilla gélida, y sin más llanto que esa lágrima sin permiso, levantó su peso, envolvió nuevamente su cuerpo en el purpura sedoso, y se incorporó al mundo con un rostro inexpresivo.
Se tomó la libertad de arreglar cada detalle del lugar, y sobre todo cada detalle de él. Devolvió el pudor al cuerpo de quien ya no tenía pulso para sentir vergüenza. Ella encendió un cigarrillo y se sirvió un trago de coñac, aunque odiaba su sabor, disfrutó aquel momento por él. Fue su última prueba de amor. Apagó el cigarrillo y con el último espectro de humo aún en su garganta, escribió: “Gracias, te amo como siempre y como nunca… Adiós”.
Sin mirar atrás, tomo su abrigo y mientras marcaba el paso firme en la alfombra cerro la puerta.

mayo 15, 2011

Maternidad

Por: Pedro De Mendonca 

Hoy, cuando me dices: “Feliz día, mamá”, con tu carita de estúpida, de perra agazapada, siento odio por ti y hasta por tu maldito nombre. Imbécil fui por no haberme cuidado cuando tuve sexo con el pendejo de tu papá. Mi madre tenía razón cuando decía que un condón sale más barato que soportar criar a una sabandija, a una cuerva, que te sacará los ojos cuando crezca. Más pendeja fui por no haberte botado en un inodoro, cuando ni siquiera habías cuajado en vida, palurda.

 ¿Por qué me dices mamá, desgraciada? ¿No te has dado cuenta que te odio, que te detesto y que hasta asco me has dado siempre? Lo único que puedo sentir por ti, maldita hija, es repugnancia y vergüenza. Ver tu rostro desfigurado sólo me trae a la mente la cara del cabrón de tu padre. Es que los dos siempre fueron mierda de la misma alcantarilla. A la Virgen Santísima, que sí fue madre, le doy gracias por haberme dado fuerzas para haberlo matado. Sólo espero que hoy se esté refundiendo en los más profundos infiernos y que te esté guardando un gran sitial, como una gran perra que eres, allá en los quintos pailones de Satanás.

No conforme con haberme robado mi juventud, mi lozanía, vienes y te fijas en mi hombre. En ese, en el que vi la esperanza de hacer mi amor. El verdadero amor, el cual nunca tuve con la poca cosa y mala cama de tu padre. ¡Claro! Pero es que la niñita santa, que no rompe ni una taza de café, se tenía que casar con el mismísimo alcalde, mi hombre, el mejor partido de la ciudad.

Por eso, hoy más que nunca te maldigo, zorra. Todo me lo has quitado. Todo. Y sólo me queda llorar en estas cuatro paredes mi fracaso existencial, del cual tú y sólo tú eres la maldita culpable. ¡Maldita, maldita! Sólo espero que estas lágrimas de odio y de sed de sangre tuya que hoy derramo, me den fuerzas para seguir viva y ver cómo se te viene la vida abajo. Porque las locas y las ventajistas como tú, nunca van a ninguna parte.

Hoy, vienes y me miras con tu maldita cara de lástima y sé que hasta de satisfacción, porque me ves sentada en esta maldita silla de ruedas, en la que estoy, por haberte salvado del accidente aquel en la Calle Viuda Negra. ¡Claro! De eso ni debes de acordarte, porque ni siquiera te importa. Lo único que te interesa es hacer tu vida, mientras yo quedo abandonada aquí, en este cuartucho lleno del olor de tu asqueroso progenitor y de otros amarguísimos recuerdos, con una ira de la cual jamás tendrás idea.

¿Qué crees, perra? ¿Que por el sólo hecho de haberte parido soy tu madre? Muy bien dicen por ahí que madre no es la que pare sino la que cría. Desgraciadamente, yo hice las dos cosas, lo sé. Pero la maternidad no es un acto biológico ni de crianza o cómo quieras llamarlo. Ser madre, estúpida, es sentirse como tal: querer dar la vida por la cría de una y sentirse triste cuando está triste, llorar cuando llora y hasta reírse cuando está feliz. Y, obviamente, eso nunca pasó en nuestra maldita relación de “familia”.

Te execro de mi sangre. No me busque el próximo año, ya no quiero saber de ti. ¡Piérdete a la mierda! Haz de cuenta que estoy muerta. Y cuando estés con tu destino subyugado, como así lo auguro con toda certeza, no regreses llorando a decirme mamá esto o mamá lo otro, porque sólo me reiré de satisfacción en tu butírica cara.

Ser madre: un ejercicio primordial

         Por: Daniela Febles 

         5:30 am “¡Diana, Mariela, Marcos párenseeee!”… A esta hora suena el despertador de en la casa de la familia Díaz Martínez, donde Mercedes, madre de dos niñas y un varoncito, se levanta de la cama, se lava la cara y se cepilla los dientes, vuela a la cocina a montar el desayuno, se cerciora de que los niños se estén levantando y regresa al baño para ducharse. Mientras se arregla, habla con su esposo Jesús sobre los servicios que hay que pagar y lo que hará cada uno el resto del día. Vuelve a la cocina, sirve la mesa y espera que todos desayunen y se vayan a sus escuelas y trabajo, para ella descansar treinta minutos antes de las 8am e irse a su trabajo que le queda cerca.
            12:00 pm y sólo dos horas ir a su casa, preparar el almuerzo, ver la novela y, si queda tiempo, descansar antes de continuar con su jornada laboral. Una exquisita pasta con carne molida, algo rápido y nutritivo para ella y los niños. A veces, guarda un poco para su esposo y su hija Mariela, quiénes “llegan en la noche y a veces les provoca comerse lo que preparé en el almuerzo”. A la 1pm ya está todo preparado y, Mercedes se sienta en el sofá a ver la novela. Cuando quedan quince minutos para las dos de la tarde, hora en que la magnífica mujer debe entrar a su trabajo, le pide a Marcos (su hijo menor) que le grabe los quince minutos restante “que yo los veo cuando llegue”.
            5:30pm. Mercedes sale de su trabajo y ya está pensando en la cena, lo que hace falta en la casa y la comida del día siguiente. Llega a su casa, se baña, se y coloca su pijama más cómoda, mientras es sorprendida por Marcos que le prepara su cafecito de las tardes. Se dispone a hacer la cena y luego recibe con una gran sonrisa y Jesús, Diana y Mariela que llegan de sus respectivas labores. Si tiene alguna ropa sucia, la mete en la lavadora y, mientras ve la novela de las ocho está pendiente de que no le falte nada por hacer. Cuando son las 9:00pm dice: me voy a acostar mis niños, buenas noches, Dios los bendiga. El último en acostarse que le pase llave a las rejas y cierre las ventanas.
            Ama de casa, oficinista y madre. Un desempeño bastante complicado, que Mercedes asume con todo gusto. Mujeres como ella hay millones. Gracias a ellas, existen miles de personas maravillosas. Por ello, en el día de las madres debemos quererlas, consentirlas y mimarlas mucho más de lo que podemos hacer en un día común. Porque es mujer y merece respeto, brindémosle un día de alegría, sorpresas y emociones.
¡¡Felicidades a todas!!

marzo 27, 2011

¡Es el momento!

            Por: Daniela Febles


         ¡Y ahí estás, otra vez, llorando! ¿Hasta cuándo Rolando? ¿No tienes el valor, la fuerza, la capacidad para prescindir de eso que está acabando con tu vida? Ríndete, por favor, deja ir esa obsesión que tienes por algo que nunca tuviste, ni tendrás. Sueña con otras cosas, mira más allá de tus ojos. En la vida existen miles de cosas mejores que tu capricho.

            La vida es tuya, y tuyo también es el deseo. Pero en la vida hay decisiones que no dependen de nosotros, decisiones de las cuales no podemos escapar. Por eso Rolando, debes ser valiente y enfrentar las cosas que te coloca la vida. Detrás de ese dolor, de ese oscuro momento que te arropa, hay una luz que te ilumina, el sol brilla cada uno de los días de nuestra vida. No desperdicies tu tiempo en cosas sin sentido. Quiérete Rolando, valórate y toma las riendas de tu vida. No te arrojes al vacío y verás que en unos años reirás de este bárbaro momento por el que estás pasando.

            ¡Y si! Hay cosas que el corazón nunca entiende. Pero la razón debe entender que el pasado muere, el presente vive, el recuerdo queda y la vida sigue. Dicen que el secreto para tener una vida plena es tener más comienzos que finales. ¿Entonces Rolando? Comienza un nuevo camino, aprovecha las oportunidades que te ofrece la vida y ten prohibido estancarte, que el hombre que cae y se levanta, es más fuerte que el que nunca ha caído.

Arcoiris II

Por: Pedro De Mendonca

...Tiempo es lo que menos podíamos perder y, menos aún, con la presión de los paparazzi’s, los cuales, en el fondo, debo confesarte que siempre me hacen sentir interesante, invadido, penetrado, importante. Pero te recuerdo nuevamente: el del video no era yo.

Ya en la habitación del hotel, él empujaba, yo me quejaba. Él me agarraba y yo a él. El sudor corría por nuestros cuerpos lascivos, sedientos de democracia. Yo me le zafaba, porque el dolor de perder nuestros derechos se hacía cada vez más insoportable. Le pedía que esperara a que el dolor se me pasara para continuar con nuestra lucha, pero él parecía poseído por algún monstruo marxista o leninista; hasta se parecía a Hitler. A veces, tendía a inspirarme desconfianza. Por algunos momentos pensaba en que era un infiltrado, que quería acabar conmigo.

En medio de esa lucha sin pausa llena de mucho sudor y desbordante entrega por nuestros ideales, me volvía a agarrar, a dominar. Y yo pensaba en que no importaba, porque, al fin y al cabo, su causa era igual a la mía: el respeto de nuestros derechos, la preservación de la democracia.

Él empujaba cada vez más fuerte, mi dolor aumentaba, aumentaba. Pero ya yo no oponía ningún tipo de resistencia. Yo era su súbdito. Recuerda que nosotros tenemos que soportar cualquier tipo de dolor para conseguir nuestros objetivos. Otros, ya hubiesen desistido, pero sabes que yo soy diferente, no actúo como los demás. Tengo alma de prócer.

No ahondo más en lo del hotel, porque tú sabes lo que sigue en esos momentos. Sabes cómo terminan esas luchas, aunque en este caso mi cuerpo terminó muy deteriorado. Por eso es que te escribo, no aguanto callarme más esto, ante la mentira del osito ese de las medianoches, que me ha ridiculizado, difamado y hasta vejado. Pero, recuerda, estoy hablando en función de posibilidades, porque el del video no era yo.

Sé que lo que hice en ese hotel rejuvenece mis principios, me reivindica en la lucha por mis derechos. Y, ojo, quiero ser claro: nada de esto sucedió, pero te estoy hablando en función de posibilidades. Hubiese preferido eso a comerme un “cachito”. ¡Ay, no, no! Qué horror. Pana, mi lucha jamás acabará. Capaz hoy me vaya con otro a cualquier otro sitio (el del video no fui yo, ya sabes), pero, eso sí, con más precaución. Sabes que mi cutis lo necesita, mi garganta lo aclama, mi cuerpo lo pide y la paz de mi país –su educación, su economía, su salud- es mi fin último.

Te recuerdo una vez más que lo que aquí te estoy diciendo es lo que yo hubiese inventado, no sé, algo más bonito, menos denigrante. Yo jamás comí, yo jamás fui a ningún sitio de comida rápida. Jamás podrán probar lo contrario, porque yo sigo aquí en mi huelga con más convicción que nunca, nunca me he movido de este sitio. Continuaré aquí pasando hambre, hasta que nos escuchen.

marzo 20, 2011

Arcoiris I


Por: Pedro De Mendonca

¿Cuál es el problema en tener hambre? ¡Ay, sí! Ni que no fuéramos seres humanos. Ahora tienen toda una alharaca montada porque y que nos vieron comiendo unos “cachitos”. ¡Por favor! ¿Cachitos? ¿De dónde sacan eso? ¿Cómo pueden probar que, verdaderamente, lo que comimos fue cachitos? Y, más aún, ¿cómo pueden probar que, en efecto, estábamos ingiriendo alimento alguno?

No voy a caer en el facilismo de decir que eso fue un montaje, pero lo que sí anhelo, por el bien de la democracia, es que prueben que estábamos comiendo. ¿Sólo porque simulábamos morder algo estábamos comiendo? ¿Entonces cada vez que yo te muerdo, te estoy comiendo?

Yo no sé de dónde sacaron esas imágenes, man. Me imagino que son viejas o unos dobles los que allí salen. Me dicen que el del video soy yo, pero yo no me hallo en ese cuerpo tan grotesco, tan espantoso. ¿Tú también crees eso? Chamo, me ofenderías. Sabes que yo soy delicado, tengo estilo, soy suave, tengo glamur. No como ese que sale en el video, que se “jarta” (porque no se lo está comiendo, se lo está jartando) ese pedazo de pan. Aunque, bueno, en lo único en que nos podríamos parecer es en el diámetro de nuestra boca abierta. Tú sabes eso, pero no te confundas, ¡ese no era yo!

Lo que más me molesta es que mientan, man, al decir que mi compañero y yo fuimos a un establecimiento de comida rápida que está situado enfrente de donde se hace la huelga, dizque para comer más. Te repito, ese no era yo. Pero, de ser yo, pana, te aviso que jamás de los jamases hubiera entrado a ese sitio. Tú me conoces, sabes que yo no como chatarras, lo mío es un azafrán, una tufa blanca, un caviar iraní o, mejor aún, un caviar de pato. ¡Sí, mucho pato! No sé, yo me hubiese puesto más creativo con ese cuento, tú me conoces. Hubiese preferido la verdad a esa horrorosidad hasta petareña que dijeron. ¿Yo en un establecimiento de comida rápida? ¡Ay, no, me muero! Pero, recuerda, ese no era yo.

¿Por qué tuvieron que caer en la simple deducción de que fue a ese lugar de comida al que fuimos? ¡Ay, no! Me da de todo. Vuelvo a repetir, no era yo. Pero, suponiendo que hubiese sido yo, efectivamente, después de haberme comido lo que me comí (ojo, en el supuesto de que haya sido yo), le hubiese dicho a mi compañero que fuera conmigo, no sé, a dar una vuelta por ahí. Qué se yo, le hubiese puesto brillo a esa noche: alguna discoteca, algún bar o, por qué no, un hotel. Aunque yo me hubiese inclinado más por la última opción, hubiese sido más privado y, por ende, menos delator, ¿sabes? ¿Qué hicimos en el hotel? Bueno, lo que dos hombres como él y yo haríamos en cualquier hotel: luchar y sudar por nuestros derechos. Ojo y no era cualquier hotel, sabes que la democracia que defiendo me impide entrar a cualquier taguara. Y te repito: ese no era yo, estoy hablando hipotéticamente. Y lo digo con ánimos de quedar claro contigo, chamo. No quiero que estés pensando cosas que no son…

CONTINÚA EN ARCOIRIS II.

marzo 13, 2011

¿De película?

 Por: Rosmarbis Pérez

Si la vida fuera una película los críticos no sabrían dónde colocarla, qué categoría ponerle. Si la vida fuera una película tendría drama, comedia, terror, acción, suspenso y más. Si mi vida fuera una película yo sería  Julieta tratando de convencer a mi Romeo de ir conmigo a Toscana a recoger champiñones. Entonces si mi vida fuera una película, yo sería la directora y desearía que no fuese mía porque así “mi vida” sería aburrida, tan sólo porque podría saber como termina y aunque pudiera cambiar el final no lo haría.

Me han hablado de realidades, de que las cosas pasan porque deben pasar o porque a uno se le ocurrió disparar y todo dio un giro sorprendente. Y entre tantas palabras, tantos vientos, tanto polvo, tanto recuerdo, entre tantas resignaciones y falsas morales yo me imagino, y si la vida fuera una película.
Podría decir corte y arreglarme el cabello cuando debió estar espectacular, o podría hacer de mis momentos románticos más románticos, con un telón que simule una puesta de sol, y al final todo resultaría ser de papel, pero, si así fuera mi vida sería de mentira, sería una vida pintada, falsa, odiosa, arrogante,  sin realidad, sin muerte de verdad, sin vida de verdad, sería un papel, una foto. 
No sueño con que mi vida sea de película, sueño con que sea de verdad, con muertes y dolores de verdad, para que siempre me recuerden que estoy viva, sueño con que mi vida no sea de Shakespeare, ni "Bajo el sol de Toscana".
Yo sueño con que mi vida sea mía, con pasar mi vida con mi Romeo a la expectativa de otro día viendo sus ojos y tomando sus manos, tan simple como una hoja de papel con un pie de página que diga "te amo mi vida", tan compleja como la simetría de una rosa, de una  "puteada" rosa. Yo sueño con vivir la vida como venga o como inconscientemente la actúe para el mundo.

Así una gota fugitiva hizo de su libertad el punto final. Ella tomó el último sorbo de su café late expreso, cerró su diario de hojas amarillas y continuó, como continuamos todos en el camino que marcan nuestros pies a cada minuto.

CARNESTOLENDAS

Por: Pedro De Mendonca

¡Listo! Las maletas con todo lo que debemos llevar. También los abrigos, los sombreros, la pashmina, el estuche con los lentes, el equipaje de mano, las llaves del apartamento, Noche de Mar en el Museo del Plata, el laptop, el dinero y la cámara fotográfica para que los niños se entretengan. ¡Ah y, por supuesto, los boletos!

¡No joda, por fin! Los trajes de baño, el bronceador, las chancletas, las tuallas, los chores, las camisetas, los lentes oscuros que me compré en la óctica, las gorras, los panes, la cava con los pescáos y los rones, el teléfono pá tomar las fotos y pá’ recibir las llamadas del cabrón, los reales y la pelota pá los chamos. ¡Ah, coño, y la carpita!

El carnaval de Niza es, para mí, el mejor de toda Europa. La Isla de la Belleza justo al frente, a tan sólo un paso de Italia, y las brisas del Mediterráneo, hacen de las carrozas y de las gigantes figuras de los desfiles un verdadero souvenir. Compartir sonrisas con los miles de turistas de todas partes del mundo, disfrutar de la imperdible Batalla de Flores y, en definitiva, ser partícipe de esta prestigiosa, estética e impactante celebración es para mí, una experiencia que no tiene precio.

¡Macuto en carnavales es pura crema! Nagüevonadas, aquí sí es verdad que se jode como es. Pasiar un ratico por el bulevar, con ese brisón de la playa que está ahí mismito y llegar hasta la placita de Las Palomas pá’ ir estrenando la botellita, es arrecho pá’ ir entrando en ambiente. Después en la playa, ver al gentío bebiendo aguardiente, unos  ya vueltos lo que se llama mierda, otros a lo lejos con el sancocho montáo y los demás perreando o bailando un vallenato sabroso y apretaítos.  Sea lo que sea, la gente lo que hace es joder, ¡de aquí nadien se va seco!

¡Es terrible tener que regresar a Venezuela! Amo a mi país, pero el cierre de estos carnavales franceses, después de tanto color, de tanto brillo y de tanto placer, me embargan de una total nostalgia. Al menos, regreso con una botella de Ambassadeur, un sabor a naranjas maceradas en vino, cortezas y gencianas, que, no sé por qué exactamente, me hacen recordar no sólo a Niza sino a toda la Costa Azul, con toda la elegancia y la exquisitez de sus tradiciones. ¡Me encanta!

¡Qué ladilla regresarme pál’ cerro otra vez! Coño, uno allá también vacila, pero agarrar la mamarro é’ cola pá’ regresanos, es un desenchunfle arrecho. Bueno, al menos, me voy lo que se llama es curda, con media botellita de Chimeneao todavía, que me la puedo beber pá’ la octavita. ¡Es que ese saborcito es único! Y lo mejor es que plende rapidito y, no sé por qué, pero no deja ratón. Y, claro, el bronceaíto me quedó de pinga, justifica la venida. ¡Coño, me escoñeta!

Nota del escritor: Agradezco a Susan Munévar, por haberme ayudado con el primer párrafo de esta nota.

marzo 05, 2011

Magdalena

Por: Pedro De Mendonca

¡Pobre Magdalena! Ahí está sentada en su cama con el maquillaje, las vendas, el alcohol, el mercurio cromo, el agua oxigenada, el yodo y los infaltables algodones… Ya, después de haberse limpiado todas las heridas y maquillado todas sus contusiones, sale rumbo al trabajo, hecha un mar de lágrimas.

Llega a la parada del autobús, que está totalmente sola. Se aproxima a ella una señora, quien le pide la hora. Magdalena, en medio del llanto y el dolor de sus aporreos, se la da. La señora, como agradecimiento o quién sabe qué cosa, le da una cachetada y se va corriendo. Ahora, con un morado más, sigue esperando su autobús.

El bus viene en camino y Magda le saca la mano. El bus se detiene. Un señor que va bajando, la golpea en el pecho, ya que ella está atravesada y le impide la salida. La gente se ríe... Ya está llegando a la parada final y la pobre pisa, sin querer, a una chama, quien, por esto, no duda en zamparle un tremendo coñazo en la frente que, de vaina, la deja esquizofrénica. Magdalena sólo le dice: “Disculpa, chama”.

Ahora le está pagando al chofer, pues ya ha llegado a su destino. El señor le notifica: “Mira, vale, aquí faltan quinientos bolos”; ella sólo lo ve con mirada de estúpida, como pidiéndole, suplicándole, que le meta su tunda. Éste, sin pensarlo dos veces, le manda tremenda patada que la deja sentada en la acera de la parada… Después, una señora, de esas que barren la calle, está haciendo su trabajo y le pide que, por favor, se levante y le dé permiso. Ésta, sin decir nada y llorando, ve a la barrendera, quien le vuelve a pedir permiso y, como no se lo da, le mete un escobazo, que la deja en el sitio.

Magdalena llega a su trabajo. Su jefe la llama y ella va hacia su oficina. El superior le pregunta por qué ha llegado diez minutos tarde. Cabizbaja, le contesta triste: “No sé, Doctor Sainz”. Él, acostumbrado a tratar mal a su personal, agarrándola por los cabellos, la arrastra por toda la empresa. Ella sólo grita, grita… Luego, bañada en sangre, es autorizada para irse a su casa a descansar… Triste, muy triste, se va a su hogar a pasar todo el día; al fin y al cabo, ahí estará sola, aislada de todo ser humano.

En la noche llega Marcial, su esposo, muerto de hambre, ya que ha tenido una estresante jornada de trabajo. Va a la cocina a comer y no ve nada preparado. Se dirige al cuarto a preguntarle a Magdalena por qué no cocinó. Ella está durmiendo y la despierta para hacerle la pregunta. No contesta nada, sólo lo mira. El hombre, enojado, le cae a correazos, sencillamente, porque él es bravísimo.

Terminada la tángana, Magdalena, limpiándose con una funda la sangre de la cara, se voltea y se dispone a dormir… Al día siguiente, Magda se levanta, se hace un desayuno, se baña, se viste y ahí está sentada en su cama con el maquillaje, las vendas, el alcohol, el mercurio cromo, el agua oxigenada, el yodo y los infaltables algodones… Ya, después de haberse limpiado todas sus contusiones sale rumbo al trabajo, hecha un mar de lágrimas.

febrero 28, 2011

Una carta, una noche

Por: Rosmarbis Perez


    Esa noche una carta y a la siguiente otra. Mi habitación estaba completamente llena de ellas. Había más cartas que en la oficina de correo y todas eran para ti. Cada mañana pensaba en la posibilidad de entregártelas, todas y cada una de ellas. Pero era inútil, siempre quedaba completamente petrificado cuando te veía pasar riendo con tus amigas, con tus cortos cabellos rojos. Lo siento, soy cobarde. Pensaba. Luego me iba con las cartas en el bolso, a esconderme en mi mundo, siempre detrás de ti.

Escribía cada noche una y otra vez, hasta que una noche, esa noche. Tocaste a mi puerta. Completamente deslumbrante, solo venias por café y yo sin palabras. Te fuiste y volví a pensar. Lo siento soy cobarde.

    Pensaba en ti y en lo cobarde que siempre soy cuando te acercas, como lo hacia todas las noches. Hacia frio. Yo estaba sentado con los dedos manchados de tinta, escribiéndote. Ya era mi rutina. Escuche un golpe en tu pared, escuche que gemías, esa noche, esa maldita noche, eras de otro hombre. Me enfurecí, gritaba, lloraba. Te robaron la pureza que deseaba para mí. Lo odié tanto que quise matarlo, pero lo siento soy cobarde.

    Al día siguiente, me fui no podía seguir con la pena de no hablarte y amarte. Me fui lejos, para no verte, para no amarte. Imposible. Me fui para no odiarte, para no odiarme. Tuve valor, te deje mi última carta. La carta de esa noche. Te deje todas mis cartas y al final pensé. Lo siento, soy cobarde. 

febrero 26, 2011

Aprendiendo a tocarte

Por: Rosmarbis Pérez

    Olvidando mis errores, mis pudores y temores. Pensando sólo en la necesidad de tocarte. Sin reparo acerco una extremidad, tan mía como tuya, al terciopelo que adorna tu piel tersa. mis dedos se estiran, temblorosos y a la vez decididos. Casi por inercia, mis dedos se juntan, uno al lado del otro. Está tibio, la piel se eriza, se tensa. Vacilantes y continuos, los movimientos circulares suaves, continúan deslizándose por tus curvas. Ya es tarde, ha llegado el momento de cubrir la desnudez, tomo el brasier y mis senos quedan cubiertos, guardan en secreto aquel contacto de aquel día, en que por primera vez, me hago el auto examen.