febrero 28, 2011

Una carta, una noche

Por: Rosmarbis Perez


    Esa noche una carta y a la siguiente otra. Mi habitación estaba completamente llena de ellas. Había más cartas que en la oficina de correo y todas eran para ti. Cada mañana pensaba en la posibilidad de entregártelas, todas y cada una de ellas. Pero era inútil, siempre quedaba completamente petrificado cuando te veía pasar riendo con tus amigas, con tus cortos cabellos rojos. Lo siento, soy cobarde. Pensaba. Luego me iba con las cartas en el bolso, a esconderme en mi mundo, siempre detrás de ti.

Escribía cada noche una y otra vez, hasta que una noche, esa noche. Tocaste a mi puerta. Completamente deslumbrante, solo venias por café y yo sin palabras. Te fuiste y volví a pensar. Lo siento soy cobarde.

    Pensaba en ti y en lo cobarde que siempre soy cuando te acercas, como lo hacia todas las noches. Hacia frio. Yo estaba sentado con los dedos manchados de tinta, escribiéndote. Ya era mi rutina. Escuche un golpe en tu pared, escuche que gemías, esa noche, esa maldita noche, eras de otro hombre. Me enfurecí, gritaba, lloraba. Te robaron la pureza que deseaba para mí. Lo odié tanto que quise matarlo, pero lo siento soy cobarde.

    Al día siguiente, me fui no podía seguir con la pena de no hablarte y amarte. Me fui lejos, para no verte, para no amarte. Imposible. Me fui para no odiarte, para no odiarme. Tuve valor, te deje mi última carta. La carta de esa noche. Te deje todas mis cartas y al final pensé. Lo siento, soy cobarde. 

No hay comentarios: