marzo 27, 2011

Arcoiris II

Por: Pedro De Mendonca

...Tiempo es lo que menos podíamos perder y, menos aún, con la presión de los paparazzi’s, los cuales, en el fondo, debo confesarte que siempre me hacen sentir interesante, invadido, penetrado, importante. Pero te recuerdo nuevamente: el del video no era yo.

Ya en la habitación del hotel, él empujaba, yo me quejaba. Él me agarraba y yo a él. El sudor corría por nuestros cuerpos lascivos, sedientos de democracia. Yo me le zafaba, porque el dolor de perder nuestros derechos se hacía cada vez más insoportable. Le pedía que esperara a que el dolor se me pasara para continuar con nuestra lucha, pero él parecía poseído por algún monstruo marxista o leninista; hasta se parecía a Hitler. A veces, tendía a inspirarme desconfianza. Por algunos momentos pensaba en que era un infiltrado, que quería acabar conmigo.

En medio de esa lucha sin pausa llena de mucho sudor y desbordante entrega por nuestros ideales, me volvía a agarrar, a dominar. Y yo pensaba en que no importaba, porque, al fin y al cabo, su causa era igual a la mía: el respeto de nuestros derechos, la preservación de la democracia.

Él empujaba cada vez más fuerte, mi dolor aumentaba, aumentaba. Pero ya yo no oponía ningún tipo de resistencia. Yo era su súbdito. Recuerda que nosotros tenemos que soportar cualquier tipo de dolor para conseguir nuestros objetivos. Otros, ya hubiesen desistido, pero sabes que yo soy diferente, no actúo como los demás. Tengo alma de prócer.

No ahondo más en lo del hotel, porque tú sabes lo que sigue en esos momentos. Sabes cómo terminan esas luchas, aunque en este caso mi cuerpo terminó muy deteriorado. Por eso es que te escribo, no aguanto callarme más esto, ante la mentira del osito ese de las medianoches, que me ha ridiculizado, difamado y hasta vejado. Pero, recuerda, estoy hablando en función de posibilidades, porque el del video no era yo.

Sé que lo que hice en ese hotel rejuvenece mis principios, me reivindica en la lucha por mis derechos. Y, ojo, quiero ser claro: nada de esto sucedió, pero te estoy hablando en función de posibilidades. Hubiese preferido eso a comerme un “cachito”. ¡Ay, no, no! Qué horror. Pana, mi lucha jamás acabará. Capaz hoy me vaya con otro a cualquier otro sitio (el del video no fui yo, ya sabes), pero, eso sí, con más precaución. Sabes que mi cutis lo necesita, mi garganta lo aclama, mi cuerpo lo pide y la paz de mi país –su educación, su economía, su salud- es mi fin último.

Te recuerdo una vez más que lo que aquí te estoy diciendo es lo que yo hubiese inventado, no sé, algo más bonito, menos denigrante. Yo jamás comí, yo jamás fui a ningún sitio de comida rápida. Jamás podrán probar lo contrario, porque yo sigo aquí en mi huelga con más convicción que nunca, nunca me he movido de este sitio. Continuaré aquí pasando hambre, hasta que nos escuchen.

No hay comentarios: